Dolor emocional ( y III)
Los niños aprenden de esta manera a manejar sus brazos: el movimiento de brazos de los bebés tiende a ser browniano, barriendo una amplia zona de su alrededor. Cuando por azar toca algo, se van perfilando las redes neuronales que con posterioridad le permitirán encaminar sus manos a los objetos que quieran tocar sin necesidad de ser conscientes de cada movimiento.
Una relación amorosa es un proceso de aprendizaje cuya función de coste es la ternura. Uno no está seguro de lo que hace, ni por qué lo hace, pero debe estar muy atento a cómo evoluciona la ternura, si crece o si decrece, y debe dejarse moldear por la respuesta. Y debe procurar abandonar sus prejuicios, sus ideas preconcebidas, así surge la sorpresa de la simbiosis, del crecimiento. Amar debiera ser un proceso de aprendizaje. Eso deberíamos aprenderlo.
En desamparo
Sostengo las lágrimas con alambres
en un giro de esquina inesperado
porque el mundo gira
en un momento
y la risa transmuta pronto en llanto.
Reír de lo que duele
hace daño.
Mucho más que llorar
en desamparo.
Anidación
Hay una realidad que persiste
más allá de toda incontinencia
más allá de toda escama de lagarto,
más allá de alguna duda.
Hay en cada esquina
una salida
si giras a la izquierda sin demora
y, si es preciso,
según renazco y tú te anidas.