Para no volver no hacía falta irse tan lejos(*)
Resultó ser amiga de un amigo, así que al día siguiente acabamos bailando esta misma canción, pero sus ojos ya no eran tan vivos ni tan enormes, su sonrisa no era tan amplia y los misterios ya no parecían tan intrigantes. Quizás por eso, cuando acabamos de besarnos, la miré con toda la tristeza que nunca fui capaz de disimular, la miré con toda la memoria que me da cuerpo y tu figura me vino a la mente como un relámpago. Y, como una daga, se instaló en mi deseo.
Del cansancio y de las cumbres
Cuando me siento del mundo
es porque creo formar parte de ti.
Y en una puerta se desborda una alegría
y en una esquina se para una tristeza
y en mi pierna izquierda se fundan dos ciudades
y en mi vientre se asientan tres iglesias
y bebo la sangre de los ríos
y de tu pecho me como una esperanza
-esa manzana negra que no acaba de pudrirse
pero que, sin duda, no es inmarcesible-
Y contemplo el cielo
y devoro la tierra
y huelo el aire limpio y húmedo por detrás de la tormenta
y desciendo de ti como se baja de una cumbre
con el cuerpo eufórico
y el alma cansada.