Dieciocho años, no es nada.
T.Y.
Hubo un tiempo en el que lo único que tuve fue la palabra
y me hice escultor de sentimientos.
Cada noche te describía mi amor en una carta
y tú llorabas y me amabas con locura,
pero temías quizás no estar a la altura.
No entendiste que no había palabra alguna
que pudiera describirte la mirada,
la sensación de tus manos en mi pelo:
por eso callaba entre tus brazos.
Hubo un tiempo en que lo único que tuve fue el silencio
y lo escribía en cada fase de la luna,
pero jamás llegaste a leerlo.
Aún permanece aquel silencio
embalsamado en un cuaderno azul,
durmiendo entre fechas que ya carecen de sentido.
