Le vent à Arles
El viento
alimentaba un encrespado de dunas
húmedas y blancas.
Cientos de caballos blancuzcos en la memoria
y en el agua.
El viento que alimenta.
La lluvia que falta.
Comenzar a escribir una carta oyendo una cierta música le imprime un carácter difícil de disociar. Quizás constituye la impronta que la distinguirá de cualquier otra; como el papel timbrado del hotel en el que la he escrito, como este escritorio extraño y, a la vez, acogedor. Pocas veces se tiene tanto recogimiento como cuando se escribe, cuando se intenta dibujar -con un trazo inseguro y quebradizo- la sensación compleja que constituye la propia percepción del mundo, la ficción que construimos desde la realidad, la permanente realidad que ficcionamos. Le Grand Rhône erizado por el viento, la Maison Pablo Neruda o Le café la nuit inmortalizado por Van Gogh; mi habitación de hotel con colores chillones: tomo todo eso, lo ficciono, abstraigo a los turistas necesitados de espectáculos, evoco las manadas de caballos en la Camargue, y escribo. Escribo sobre del viento nutrido por la imaginación. Escribo acerca de la lluvia que falta.
alimentaba un encrespado de dunas
húmedas y blancas.
Cientos de caballos blancuzcos en la memoria
y en el agua.
El viento que alimenta.
La lluvia que falta.
Le Grand Rhône erizado por el viento de Arles. Al sur, queda la Camargue.
Comenzar a escribir una carta oyendo una cierta música le imprime un carácter difícil de disociar. Quizás constituye la impronta que la distinguirá de cualquier otra; como el papel timbrado del hotel en el que la he escrito, como este escritorio extraño y, a la vez, acogedor. Pocas veces se tiene tanto recogimiento como cuando se escribe, cuando se intenta dibujar -con un trazo inseguro y quebradizo- la sensación compleja que constituye la propia percepción del mundo, la ficción que construimos desde la realidad, la permanente realidad que ficcionamos. Le Grand Rhône erizado por el viento, la Maison Pablo Neruda o Le café la nuit inmortalizado por Van Gogh; mi habitación de hotel con colores chillones: tomo todo eso, lo ficciono, abstraigo a los turistas necesitados de espectáculos, evoco las manadas de caballos en la Camargue, y escribo. Escribo sobre del viento nutrido por la imaginación. Escribo acerca de la lluvia que falta.