Lo sabrás luego (I)
Puede que este tiempo no haya sido
demasiado distinto. Puede que provocar el abandono adopte, en la oración
de mi vida, el papel de sujeto o ablativo de forma cambiante. Puede.
También pudiera ser algo distinto. O
pudiera ser que la brisa que arriba hasta la falda este de estas
ralas colinas no esté impregnada de naufragio de sangre sino de
naufragio de melaza. No lo sabré hasta que me decida a remontar mi
-ahora- horizonte y cambiarlo hasta poder contemplar las playas y ver
el color del que se ha teñido su arena. Puede que prefiera quedarme
a este lado, al resés de la brisa, y espere a que las estrellas
distraigan mi pensamiento y el frío consiga que me aletargue y
arrebuje. Es una elección casi imposible. Aunque parezca sencilla.
En esta ficción que me impongo sin apenas tesón aún me conmuevo al pensarte. Privado de vista he de abrir los ojos. Privado de sonido he escuchar mejor.
Quizás pueda en algún momento desprenderme de este traje naranja, de este casco de buzo, saltar estas vallas, dejar esta bahía. O puede que no.