lunes, julio 13, 2009

La frágil ebriedad

No hay un tiempo o un destiempo para volver si se quiere volver, si se desea regresar a la bruma que nos da forma y que, sin embargo, puede llegar a parecernos firme, sólidamente asentada en convicciones sin fundamento, pero que –incluso- tienden a parecer ciertas: tal es la convicción de la ceguera -el estruendo es el soporte de la necesidad-. Alguien me dijo que el lector tiene la falsa impresión de creer conocer a quien lee y eso me hace pensar que, en la mayoría de ocasiones, uno cree amar lo que ansía, la burda proyección del ideal sobre la piel, de la intención sobre el comportamiento, de la invención sobre la soledad.
Cuando no se duda de las intenciones los actos tienen menos relevancia: los silencios son tan significativos como los regresos, las ausencias tan creadoras como las palabras, la luces tan cegadoras como las sombras, las convicciones tan frágiles como la ebriedad.

3 Comments:

Blogger Holovítrea dijo...

Yo creí amar a un hombre cerdo. Pero cuando por fin lo tuve me di cuenta de que sólo ansiaba poseerlo. Caí en mi trampa. El hombre cerdo casi me devora. Sabias palabras, Carz.

13/7/09 12:44  
Blogger Laluz dijo...

Quiero creer que no estoy volviendo. Aunque algo me dice que doy pequeños pasos en detrimento de lo caminado.

Tus letras fueron el indicador de neón, hoy, de otra dirección.

Todo un encuentro tus palabras.

13/7/09 16:41  
Blogger gaia07 dijo...

Si aplico cuanto dices, a mi alrededor no veo más que sobrios flipando y ebrios eruditos.

¡Qué mundo ché!

15/7/09 23:02  

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