De canallas y bordes
Sumido en silencio
sobre una montaña
me acecho lejano
me acecha el desprecio:
no soy buena pieza
-siquiera mediana-
bajo el firmamento
se orfana temprana.
Tanto colosal
poeta con dueño,
tanto abismal
poeta sureño.
Dejadme a solas
con mis tempestades,
en un vaso chico
que tanto me sirve:
me enervan los vientos,
me enhebra lo humilde,
como en una aguja
se apoya el destino.
En un manantial
sin fuentes ni pozos
como, en mi querer,
se acaba el camino.
Se rompe la hiel,
se amarga la vida,
que para endulzar…
ya tengo tus besos.
sobre una montaña
me acecho lejano
me acecha el desprecio:
no soy buena pieza
-siquiera mediana-
bajo el firmamento
se orfana temprana.
Tanto colosal
poeta con dueño,
tanto abismal
poeta sureño.
Dejadme a solas
con mis tempestades,
en un vaso chico
que tanto me sirve:
me enervan los vientos,
me enhebra lo humilde,
como en una aguja
se apoya el destino.
En un manantial
sin fuentes ni pozos
como, en mi querer,
se acaba el camino.
Se rompe la hiel,
se amarga la vida,
que para endulzar…
ya tengo tus besos.
6 Comments:
acecha lo que dejamos que nos aceche!
Nos acechamos y nos descubrimos canallescos y tempestuosos.
Amargados.
Menos mal que aún nos quedan besos dulces para compensar.
Abrazos
Te dejos mis besos, aunque sea empacho. :P
Y este abrazo lúcido.
Que no es poco, a veces hay que ser agradecido compañero!
Pues en este hoy tu poema sorpréndeme, sólo, ese porte clásico. Le das a todo prenda.
Explícale a Eolo
que para no enervarse
piense en cómo está su parentela.
Que rompen agujas,
que matan destinos,
que en los manantiales
no quedan dragones,
y para endulzar
se alquilan los besos
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